Hay personas que disfrutan verte dudar de ti mismo
Crecimiento personal / manipulación / Salud mental

Hay personas que disfrutan verte dudar de ti mismo

Vamos a ser 100% honestos desde el primer párrafo: ¿hay algo más frustrante que estar con la motivación por las nubes por un nuevo proyecto y que venga alguien a pincharte el globo con un solo comentario?

Imagínate la escena. Consigues ese cliente que tanto buscabas, te compras algo que querías hace mucho, o decides que vas a dar un giro radical a tu vida.

Estás feliz, con ganas y con la energía a tope. Se lo cuentas a alguien de tu entorno —un amigo, un compañero de trabajo, o incluso un familiar— y en lugar de un «¡Qué genial, te lo mereces!», te lanzan una mirada de reojo y te dicen: “¿Y estás seguro de que vas a poder con eso?” o “Bueno… ojalá te vaya bien, con lo difícil que está todo hoy en día”.

Pum. En un segundo, la sonrisa se te borra. Una nube gris se instala en tu cabeza y empiezas a darle vueltas al asunto: “¿Y si tienen razón? ¿Y si me estoy equivocando?”.

Si te ha pasado esto, déjame decirte algo: no estás loco, no eres una persona exagerada, ni tampoco eres de cristal. La realidad es que hay personas a las que les encanta, les fascina y les da una paz enorme verte dudar de ti mismo. Hoy vamos a hablar de esto sin filtros, porque a todos nos ha pasado y ya va siendo hora de aprender a quitarles ese poder.

El gran secreto: No eres tú, son sus propios complejos

Cuando alguien intenta sembrar la semilla de la duda en tu cabeza, el primer impulso es pensar que el problema somos nosotros. Pensamos que quizás nos vieron cara de inexpertos, que de verdad estamos cometiendo un error o que no somos lo suficientemente buenos para lograrlo.

Pero la verdad es un poquito más incómoda (para ellos, no para ti): tu seguridad les estorba.

A la gente que le gusta verte dudar, por lo general, le tiene pánico a su propia vida. Ver que tú te atreves, que tú cambias, que tú avanzas o que simplemente caminas con confianza, les pone un espejo gigante frente a su propia cara. Y lo que ven en ese espejo no les gusta para nada: ven sus miedos, sus metas abandonadas y sus propias frustraciones.

Si logran que tú también dudes, que te detengas y que te quedes en la zona de confort con ellos, sienten un alivio tremendo. Es el clásico: «Uff, qué bueno, a esa persona tampoco le salió tan fácil, así que yo no estoy tan mal». Mal de muchos, consuelo de tontos. Y cuánta razón tiene ese dicho.

Las frases típicas del «pinchaglobos» profesional

Esta gente no suele venir de frente con un cartel que dice «te tengo envidia». Son mucho más sutiles. Disfrazan su mala vibra de «preocupación», y ahí es donde caemos en la trampa. Si has escuchado alguna de estas frases últimamente, enciende las alarmas:

  • «Te lo digo por tu bien, no quiero que te desilusiones»: Traducción real: No quiero que te vaya bien porque me va a doler el triple haberlo intentado yo y haber fracasado (o ni siquiera haberlo intentado).
  • «¡Qué valiente eres! Yo jamás me arriesgaría a hacer eso con la situación que hay hoy en día»: Traducción real: Me muero de miedo de hacer lo que tú haces, así que intento contagiarte mi parálisis.
  • «¿De verdad estás seguro? Mira que a fulano lo intentó y le fue fatal»: Traducción real: Te traigo el peor ejemplo posible para que te llenes de miedo y te eches para atrás.

¿Te suena alguna? Seguro que sí. Lo peor es que, por ser empáticos, nos quedamos rumiando esas palabras todo el día y arruinamos nuestra propia semana.

Cómo saber si estás rodeado de gente que te impulsa o gente que te frena

A veces es difícil darse cuenta, porque estos personajes pueden ser personas que queremos mucho. Pero el termómetro de tu energía no miente. Te propongo un ejercicio súper simple. Piensa en esa persona con la que acabas de hablar y responde a esto:

  1. ¿Cómo te sientes después de conversar con ella? ¿Sales con ganas de comerte el mundo o sales sintiéndote pesado, cansado y con una ligera sensación de ansiedad?
  2. ¿Cómo reacciona cuando te pasa algo bueno? ¿Se le nota la alegría genuina en la cara o suelta una felicitación tibia y rápidamente cambia de tema para hablar de sí misma o de algo negativo?
  3. ¿Te recuerda tus errores del pasado? Cuando estás a punto de intentar algo nuevo, ¿te saca en cara de forma «graciosa» aquella vez que te equivocaste hace tres años?

Si la balanza se inclina hacia el lado negativo, tienes a un saboteador de confianza cerca. No significa que sea una persona malvada de película, pero sí significa que su propia frustración te está salpicando.

El peligro de morder el anzuelo

El verdadero peligro de no ponerle un freno a esto es que te terminas creyendo el cuento. La duda es como una humedad en la pared: empieza como una manchita pequeña y, si no la limpias a tiempo, termina dañando toda la estructura.

Cuando dejas que los comentarios de los demás manejen tu confianza, empiezas a tomar decisiones desde el miedo y no desde tus capacidades.

Dejas de postular a ese trabajo, dejas de lanzar ese negocio, dejas de dar tu opinión. Y lo peor de todo es que el día de mañana, si te estancas, esa misma persona te mirará y dirá: «¿Ves? Yo te lo dije». ¡Claro que pasó! Pero pasó porque compraste su boleto al fracaso, no porque tú no fueras capaz.

Tres formas naturales (y sin dramas) de mandar a volar la duda ajena

No necesitas armar un escándalo, ni ponerte a discutir, ni cortar relaciones de forma dramática si no quieres. Se puede ser elegante, firme y mantener tu energía intacta con estos tres pasos:

Aplica la «dieta de información»

A partir de hoy, sé más selectivo con lo que cuentas. No todo el mundo tiene la madurez para conocer tus sueños cuando todavía están en pañales.

Si tienes un proyecto nuevo, cuéntaselo únicamente a tu «comité de aplausos» (esas dos o tres personas que sabes que se alegran de verdad por ti). Al resto, háblales de temas cotidianos: el clima, el tráfico o series de televisión. Protege tus metas hasta que sean lo suficientemente fuertes.

No te justifiques jamás

Cuando alguien te diga: «¿Pero de verdad vas a cobrar eso por tu trabajo? Me parece muy caro», no empieces a explicarle toda tu lista de costos ni tus años de experiencia. Cuando te justificas, le estás dando el poder de juzgar si tienes razón o no. En su lugar, sonríe y di: «Sí, ese es mi valor». Y cambia de tema. La seguridad corta cualquier discusión.

Devuelve la pelota

Cuando te lancen un comentario con mala intención camuflado de duda, devuélveselo con una pregunta tranquila. Si te dicen: «No sé si sea buena idea que dejes tu estabilidad por emprender»,

respóndele con un tono curioso y amable: «¿Ah sí? ¿Por qué te da tanto miedo el emprendimiento?». Verás cómo tartamudean, porque los estás obligando a hacerse cargo de sus propios temores.

Conclusión: Tu seguridad no es negociable

Al final del día, la gente que disfruta verte dudar se alimenta de tu indecisión. Cuando te ven encogerte, ellos se sienten altos. Pero tú no viniste a este mundo a vivir en pequeño para que los demás no se sientan incómodos con sus propias vidas.

Sentir dudas es normal, todos las tenemos. La diferencia es que una cosa es la duda propia que te hace revisar los detalles para mejorar, y otra muy distinta es la duda que te contagia otra persona para frenarte.

La próxima vez que sientas que alguien intenta tambalear tu piso, respira hondo, entiende que está hablando desde sus propios límites, y sigue caminando. Tu éxito y tu paz mental son, sin duda, la mejor respuesta que puedes dar.

Hasta el próximo post mis queridos lectores.

LEXI

Autor

holasoylexia@gmail.com

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *