las mentiras que nos decimos para no soltar
Amor propio / Crecimiento personal / Relaciones

Las mentiras que nos decimos para no soltar

Soltar no siempre duele porque ames demasiado, a veces duele porque te mientes demasiado.
Te dices que todavía hay esperanza, que no es tan grave, que va a cambiar, que exageras, que aguantes un poco más. Y así, sin darte cuenta, te quedas. No por amor, sino por miedo.

La verdad es incómoda: muchas veces no soltamos porque nos contamos historias que nos tranquilizan, aunque por dentro sepamos que algo ya no está bien.

Este post no es para juzgarte, es para acompañarte a mirar de frente esas mentiras silenciosas que nos atan… y entender por qué seguimos donde ya no somos.

Las mentiras que nos decimos para no soltar

1- “No es tan malo, hay cosas peores”:

Esta es una de las mentiras más comunes. Minimizar lo que duele para no enfrentarlo. Te dices que otras personas viven situaciones peores, que no deberías quejarte, que «no es para tanto».

Pero el dolor no se mide en comparaciones con otros, se mide en cómo te afecta a ti.

Si algo te quita la paz, te apaga, te angustia o te hace dudar de tu valor, eso ya es razón suficiente para escucharte.

Normalizar lo que duele no lo hace menos dañino, solo lo hace más duradero.

2- «Va a cambiar, solo necesita tiempo»

Esperar es una forma elegante de postergar una decisión difícil. Te aferras a la versión futura de alguien, no a la persona que hoy tienes enfrente,

A promesas , a palabras bonitas , a pequeños gestos que te devuelven la esperanza … por un rato.

El problema es que te quedas viviendo de potencial, no de realidad, y el tiempo pasa y tu sigues esperando, mientras tu vida se queda en pausa.

El cambio real se nota en acciones sostenidas, no en disculpas repetidas.

3- «Si suelto, habré perdido todo este tiempo»

Esta mentira nace del miedo a aceptar que algo no funcionó, sientes que irte seria reconocer que invertiste tiempo, energía, amor y esperanza en algo que no resultó.

Pero quedarte solo para no «perder» es perderte a ti, el tiempo no se desperdicia cuando aprendiste, cuando creciste, cuando ahora sabes lo que no quieres volver a aceptar.

Soltar no invalida lo vivido, lo honra y lo cierra.

4-«Tal vez estoy exagerando»

Te cuestionas, te dudas, te invalidas. Le das más crédito a lo que el otro dice que a lo que tu sientes.

Empiezas a pensar que eres demasiado sensible, dramática, intensa.

Y así poco a poco, te desconectas de tu intuición, pero tu cuerpo no miente: si algo te pesa, si algo te incomoda, si algo te duele … eso es real.

No estas exagerando, estas sintiendo. Y sentir no necesita permiso.

5- ¿Y si después me arrepiento?

El miedo al «que hubiera pasado» paraliza, te asusta equivocarte, quedarte sola, descubrir que quizás eso era lo único que tenías.

Pero rara vez alguien se arrepiente de haber elegido su paz, lo que más se lamenta es haber permanecido demasiado tiempo donde ya no era feliz.

El arrepentimiento más profundo no viene por irte, sino por haberte abandonado.

6- «Yo puedo con esto»

Ser fuerte tambien se convierte en una trampa , te dices que aguantas , que siempre has podido , que no necesitas tanto.

Pero no todo lo que puedes soportar deberías soportarlo, no naciste para resistirlo todo, naciste para vivir en calma, en coherencia, en amor.

La fortaleza también es saber cuándo soltar.

¿Por qué nos cuesta tanto soltar?

Porque soltar implica duelo, duelo por lo que fue, por lo que imaginaste, por lo que esperabas que fuera distinto.

Implica aceptar que algo terminó, aunque nunca haya sido como soñabas.

Soltar no es falta de amor, es amor propio en acción.

Consejos prácticos para empezar a soltar (de verdad)

1- Escribe tus mentiras:

Anota todas las frases que te repites para quedarte, léelas en voz alta.

2- Observa hechos no promesas:

Evalúa lo que es, no lo que podría ser.

3- Pregúntate :

¿Esto me acerca o me aleja de la vida que quiero?

4- Habla contigo con honestidad:

No como una jueza, sino como alguien que se quiere cuidar.

5- Recuerda:

Soltar es un proceso, no un acto instantáneo.

Conclusión: La verdad que libera

Soltar duele, sí.

Pero duele más quedarte donde ya no eres tú.

Las mentiras que te cuentas no te protegen, solo te mantienen atrapada, el día que te digas la verdad, aunque tiemble todo, ese día empiezas a volver a ti.

No estas fallando por soltar, estas eligiéndote y esa, aunque asuste, siempre es la decisión correcta.

Hasta el próximo post, mis queridos lectores.

LEXI.

Autor

holasoylexia@gmail.com

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *