Soltar a quien no te hace bien: el duelo que nadie te explica
Hay despedidas que no se dan con palabras, sino con silencios, personas que ya no nos cuidan, que ya no nos eligen,
que ya no nos hacen bien… y aun así seguimos ahí, aguantando, esperando, justificando lo injusticable.
Y entonces aparece la pregunta que duele: ¿Por qué me cuesta tanto soltar a quien sé que ya no me hace bien?
No es debilidad, no es falta de amor propio, no es que no lo intentes lo suficiente.
Muchas veces soltar no duele por la persona que se va, sino por lo que representa quedarse sin ella.
Porque no te duele la persona, te duele el apego
Uno de los motivos más profundos por los que cuesta soltar es el apego emocional. No amas necesariamente a la
persona como es, amas:
La versión que fué, la promesa de lo que pudo ser, la idea de no estar solo, el miedo a empezar de nuevo.
El apego no pregunta si algo te hace bien, solo pregunta si es familiar, y lo familiar incluso cuando duele, se siente
más seguro que lo desconocido.
Soltar no siempre es dejar de amar, muchas veces es dejar de aferrarte.
Porque confundes amor con sacrificio
A muchos nos enseñaron que amar es aguantar, ceder, adaptarse, esperar, que el amor verdadero todo lo puede, incluso el maltrato emocional, la indiferencia, o el abandono.
Por eso te quedas, porque sientes que irte es fallar, porque crees que si amas más fuerte, la otra persona cambiará.
Pero el amor que te destruye no es amor, es desgaste.
El amor sano no te pide que te pierdas para que el otro se quede.
Porque tienes miedo al vacío que queda cuando sueltas
Soltar no solo implica perder a alguien, implica quedarte contigo, con tus silencios, con tus heridas, con tus preguntas.
Muchas personas no se quedan en relaciones dañinas por amor, sino por miedo a la soledad, al vacío, a no saber quiénes son sin ese vínculo.
A veces el vínculo más doloroso no es con la persona, sino con la idea de no ser suficiente sin ella.
Porque esperas que algún día te den lo que no te dieron
Otra razón: la esperanza.
Esa esperanza silenciosa que dice:
«Quizás cambie»
«Tal vez esta vez sí»
«Algún día me va a valorar»
Y sin darte cuenta, quedas atrapada en el futuro, esperando algo que en el presente no existe.
Esperar amor donde nunca llegó también es una forma de abandono propio.
Porque soltar implica aceptar una verdad incomoda
Soltar duele porque implica aceptar que:
No fue como soñaste, no te eligieron como merecías, no puedes cambiar a nadie, no todo lo que empieza con amor termina bien.
Aceptar esto rompe fantasías, expectativas y narrativas que sostuviste durante mucho tiempo.
Pero abre la puerta a algo más real: tu dignidad emocional.
¿Como empezar a soltar?
Consejos prácticos y reales:
Soltar no es un acto instantáneo, es un proceso, aquí algunos pasos que pueden ayudarte:
1-Deja de justificar lo que te duele:
Si algo te hace daño, no necesita explicación. El dolor ya es suficiente señal.
2. Escucha tu cuerpo:
El cuerpo nunca miente: ansiedad, insomnio, nudo en el pecho, cansancio emocional… todo eso habla.
3- Escribe lo que no te animas a aceptar:
A veces ponerlo en palabras lo vuelve imposible de seguir negando.
4- Recuerda quién eras antes de ese vínculo:
No para volver atrás, sino para recordar que existes más allá de esa relación.
5- Elige el amor propio, aunque duela:
Soltar duele, pero quedarte donde te apagas duele mucho más.
Soltar también es una forma de amor
Soltar no te hace fría , no te hace egoísta, no te hace mala persona…
Te hace valiente.
Porque soltar a quien no te hace bien es decirte a ti misma:
«Yo también importo»
Y quizás hoy duela, quizás hoy cueste respirar sin esa persona, pero un día vas a agradecerte haber elegido tu paz por sobre el miedo.
No todo lo que amas merece quedarse, pero tú si mereces quedarte contigo.
Hasta el próximo post.
LEXI.
